España-Cultura y Espectáculos
Madonna lució espectacular en la actuación del medio tiempo del Super Bowl
Después de que los Patriots de Nueva Inglaterra se fueron al descanso con ventaja de 10-9 sobre los Giants de Nueva York, sobre un escenario montado en menos de 10 minutos apareció la llamada Reina del Pop, que salió vestida con una capa dorada, sentada sobre una gran carroza, para interpretar cuatro de sus temas.
Aunque antes del evento Madonna reconoció que le causaba un gran nerviosismo presentarse en el Super Bowl porque un evento de esa magnitud requería perfección, los asistentes al campo del "Lucas Oil Stadium", en Indianápolis, la aceptaron y le aplaudieron cada una de sus interpretaciones.
Madonna inició con "Vogue", en un escenario que semejaba una batalla romana, aunque los movimientos de la cantante eran de danzas egipcias, y fue acompañada del Cirque du Soleil (Circo del Sol).
Su participación de sólo 12 minutos, había causado expectativa porque hubo quienes dijeron que la cantante no se encuentra musicalmente en su mejor momento.
Pero cuando interpretó "Music", "Ray of Light", "Holiday" y "Express Yourself", bailando como porrista, los asistentes la vitorearon.
La cantante tuvo la oportunidad de dar a conocer uno de sus nuevos temas "Give me all your loving", que fue bien aceptado, y terminó su participación con uno de sus éxitos de finales de la década de 1980, "Like a prayer".
Antes del mini concierto, Madonna dijo que su nerviosismo se debía a que tendría que utilizar sólo ocho minutos para instalar el escenario, 12 más para su participación, y otros siete para desmontarlo todo.
Madonna se une a una lista de cantantes que han participado en el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl, como The Black Eyed Peas, The Who, Bruce Springsteen & The E Street Band, Tom Petty and The Heartbreakers, Prince, The Rolling Stones, Paul McCartney y U2.
En el evento que encabezó Madonna, el ingeniero en sonido y productor musical, el mexicano Pablo Munguía, fue el encargado de la producción.
Munguía ha tenido esa misma participación en programas especiales como los Oscar, los Grammy, American Music Awards, MTV Awards, y ha trabajado con artistas como Seal, Rod Stewart, Britney Spears y Carole King.
Aproximadamente 600 voluntarios ayudaron con el ensamblaje del escenario, que se dividió en 40 bloques de 2x2 metros montados sobre ruedas.
Los voluntarios fueron capacitados durante la semana previa al evento y no recibieron sueldo, la única condición para formar parte del grupo era ser entusiasta de Madonna.
Sergei Polunin, el bailarín ya es leyenda
A simple vista, Anthony Lammin no parece un experto en ballet. Lleva gorra, pantalones anchos, camiseta negra, diferentes tatuajes repartidos por todo el cuerpo, incluida una pequeña lágrima en la cara, y un microimplante que le acaba de hacer Olga, una encantadora chica española llena de «piercings» que se ha mudado recientemente a Londres. Anthony no parece un experto en ballet. Y no lo es. Pero es una de las pocas personas que hoy tiene contacto con Sergei Polunin.
Con 21 años, el ucraniano era el principal bailarín más joven de la historia del Royal Ballet. Pero de la noche a la mañana presentó su dimisión y ahora ha desaparecido de la faz de la tierra. Se rumorea que podría viajar a Japón, Rusia o Estados Unidos. Se dice que estaba cansado del Reino Unido y de los «corsés» de la compañía, y que quería tener libertad para bailar donde quisiera. Se comenta que podría pasar por una depresión por haber roto su relación sentimental con la bailarina Helen Crawford, diez años mayor que él. Se escuchan muchas historias, pero lo cierto es que nadie sabe nada. Nadie, excepto Anthony.
Muy apasionado
Sus caminos se cruzaron hace tan sólo ocho meses. Sergei entró en su tienda de tatuajes para hacerse uno más a la altura del costado. «Nos pusimos a hablar y le vi un tío muy apasionado, muy interesante y con muchas ganas de meterse en el negocio de los “tatus”», dice a LA RAZÓN. Así que una cosa llevó a la otra y decidieron asociarse. Los dos son ahora copropetarios de la pequeña tienda de Anthony.
No es fácil dar con ella. La Prensa británica se horrorizó con la idea de que el sucesor de Rudolf Nureyev pudiera colgar las zapatillas para dedicarse a este mundo y muchos empezaron a rastrear Camden Town con la esperanza de encontrarse al que fue el niño mimado de la compañía. Pero no. The London Tattoo Company está mucho más al noreste. Se trata de una zona a la que sólo llega el «overground» y en la que los coches que van con las ventanillas bajadas no tienen de música de fondo a la partitura de Felix Mendelssohn, la misma que habría debido interpretar Sergei con «The Dream» si hubiera seguido actuando en Covent Garden.
Aunque anuncia su nombre en la página web como gran reclamo para el cliente, cuando cuenta su historia, Anthony no presume de ser el socio del bailarín. Al contrario, cuesta mucho sacarle una palabra y si habla es más por educación que por fanfarronería. «Somos colegas y venimos de dos mundos diferentes. Pero nada más. Yo no me meto en sus cosas ni él en las mías. Cuando vi la noticia en la Prensa le llamé para ver si era cierta –aún conserva el recorte en la tienda–, pero nada más. Yo no soy quién para decirle qué es lo que tiene que hacer con su vida», explica.
Tres «tatus» en ocho meses
Antes de dar el bombazo,a Anthony no le notó nada. Ni siquiera en los descansos entre «tatu» y «tatu». En sólo ocho meses, se ha hecho tres más que adornan su cuerpo. En total tiene alrededor de nueve, que tapaba con densas capas de maquillaje cada vez que salía al escenario.
«Es un tipo bastante callado. Yo le he visto actuar tres veces. La verdad es que me gustó. Pensaba que me iba a dormir, pero no –asegura–. Aunque cuando estamos juntos no hablamos de la danza. Supongo que por eso le gusta pasar tiempo aquí. Es como su refugio, una válvula de escape que no le recuerda nada al ballet. Ya tiene bastante presión fuera».
«¿Crees que ha tomado la decisión equivocada?», pregunto. «Estaba cansado de todo eso. Supongo que es lo que te pasa cuando alcanzas lo más alto siendo tan joven. Él era muy bueno, pero ahora, con su marcha, ha conseguido convertirse en leyenda. Él mencionó algo de Japón y también América, pero creo que no sabe todavía lo que quiere. Supongo que se irá. Londres no le deja ser libre: aquí tan sólo es un producto del Royal Ballet».
Lo que parece claro es que Sergei seguirá dedicándose al ballet. Lo de los tatuajes es tan sólo un negocio. Pero el bailarín no va a colgar las zapatillas para hacer «tatus». En su Twitter ha puesto: «Sergei Polunin: bailarín principal de ¿?». Fue a través de la red social donde comunicó su decisión dejando con la boca abierta a la directora de la compañía, Monica Mason. Días antes había contado cómo bebía champán y cerveza por la mañana y cenaba pizza. «Vive rápido, muere joven» reza uno de sus tuits.
De Kiev a Londres
Polunin no ha tenido lo que podría llamarse una vida fuera de la danza, como él mismo desea en alguna entrevista, hasta ahora. Siendo sólo un niño, su padre abandonó a su familia para irse a trabajar a Portugal y dejó Kherson junto a su madre. Se trasladaron a Kiev, donde se matriculó en la Escuela Estatal de Danza. Allí, uno de sus profesores, cautivado por su talento, le grabó y mandó la cinta a la Escuela del Royal Ballet. Con apenas 13 años Sergei se trasladó a Richmond, suroeste de Londres, y en 2007 se unió al Royal Ballet. A los 19 ya era el bailarín principal.
La primera tienda, pero no la última
Nada más entrar en The London Tattoo Company hay una gran televisión con una Play Station. «Aquí solemos pasar horas. También vemos películas. A Sergei le encantan las de Johnny Depp», explica Anthony, el socio de Sergei en el estudio de tatuajes. Aunque parece que seguirá bailando, los dos socios están mirando abrir ya otra tienda por el centro. Forman un buen equipo. Sergei pondrá su agenda y Anthony su talento con la tinta.
El detalle
UNA VIDA ESTRICTA
En sus escasas entrevistas, cuando nadie se imaginaba que Sergei Polunin acabaría dejando el Royal Ballet, el joven bailarín ya se había quejado de las estrictas dietas y de los ejercicios que tenía que seguir. «No estoy bien. Yo no participo en muchas clases. Algunas veces no como en todo el día, y después como cuatro veces entre las ocho de la tarde y las cuatro de la madrugada. Me acuesto realmente tarde. Si sólo durmiera, no tendría realmente una vida fuera de la danza», lamentaba.
La solista a la que expulsó la Scala por denunciar la anorexia
Maria Francesca Garritano (en la imagen), hasta hace pocos días bailarina solista del teatro milanés de la Scala, ha puesto al desnudo las vergüenzas del mundo de la danza. En un libro, titulado «¡La verdad, por favor, sobre la danza!», y en las entrevistas con las que lo ha promocionado, Garritano, de 33 años, denuncia que una de cada cinco bailarinas de la Scala sufre anorexia, que muchas de ellas no pueden llegar a tener hijos por el estrés sufrido y que la «corrupción, las amenazas y los compensaciones» rigen la vida de los miembros del cuerpo de baile. Estas declaraciones han provocado que la dirección de la Scala despida a Garritano. Aseguran los responsables del coso milanés que se han visto obligados a rescindir el contrato a la bailarina porque con sus afirmaciones ha manchado la imagen del teatro y de su escuela de baile. Rechazan además las acusaciones y afirman que en la Scala existe una gran preocupación por la anorexia, por lo que se cuida especialmente la alimentación de sus trabajadores y alumnos. En una entrevista al diario turinés «La Stampa», Garritano lamenta su despido y dice no entender la decisión del teatro por haber denunciado que «hay personas que sufren de verdad, incluso que mueren por los trastornos alimentarios».
La crisis, en metraje reducido
MADRID- «Acabamos de estrenar nuestro nuevo corto, “The End of the World”, de Chris Downs. Con más dinero, más actores; es mucho más ambicioso de lo que hemos hecho hasta ahora. Somos un equipo que se entiende a la perfección. Se ambienta en 2021, cuando se produce una guerra económica brutal que nos hace volver a los años 20». Sin duda, el cine abarca inumerables historias. Y ésta nos la desvela Ana Carrera, una productora nacida en Pontevedra. Una vocación tardía: «Yo estudié la carrera de traducción e interpretación e hice un máster en Relaciones Internacionales. Al salir del instituto nunca se tiene una idea clara de lo que quieres hacer», confiesa Carreras, quien añade que «gracias a Rafael Rojas-Díez y José Manuel Lorenzo, que me convencieron de que el cine estaba hecho para mí, me di cuenta de que debía intentarlo».
Un oficio complicado «porque uno debe conseguir dinero con la mejor de las sonrisas y que éste se alargue lo más posible. Debes lograr que no se note que estás presente, pero que, a la vez, todo el equipo esté contento. El buen rollo es fundamental para que el proyecto salga bien. Somos muy distintos de esa imagen de ogro de película que tiene el productor». Carreras también ha producido el corto «Te odio», de Rojas-Díez, que completa una trilogía sobre la pareja y gira sobre tres temas: el deseo, la rutina y el cansancio. Premiado en Nueva York y Budapest, Carreras se encuentra en el mejor momento de su trayectoria. «El cine siempre está en crisis, pero es evidente que debe evolucionar, todos hemos de poner de nuestra parte para ello. Se ha de cambiar la forma de hacer cine y de plantear las tareas de preproducción y postproducción, partes lentas y complicadas a la hora de crear un corto», afirma. «En España estamos acostumbrados a un rechazo inicial a todo lo que hacemos, pero los trabajos hablan por sí mismos. Un ejemplo es “Pocoyó”. Hay grandes profesionales en España», aclara.
Orquesta para todo
La pasada campaña, Michel Tilson Thomas vino con la orquesta que ha convertido en prolongación de su brazo, la Sinfónica de San Francisco. Vuelve con la gran Sinfónica de Londres, de la que fue titular entre 1988 y 1995 y de la que es principal director invitado. La orquestación realizada Colin Matthews de los 24 «Preludios» pianísticos de Debussy se une a las igualmente completas de Henkemans y de Brewaeys, esta última, extraordinaria, casi coetánea de la del inglés. El trabajo de Matthews contiene pasajes memorables, en especial en «El viento en la llanura» (número 3 del Libro I) y en la célebre «Catedral sumergida» (número 10), con un rico tratamiento de la percusión. Thomas interpretó una selección de una serie de instrumentaciones-transformaciones nacidas para otra orquesta inglesa, la Hallé de Manchester. La «Fantasía» de Debussy nunca entró en el gran repertorio pese a ser de especial belleza, pero carente de virtuosismo para el solista. Nelson Freire, uno de los pocos poetas actuales del piano, hizo filigranas, y casi sacó donde hay poco.
Turbulento aquelarre
En una semana se han escuchado en Madrid dos versiones excelentes de la «Sinfonía fantástica» de Berlioz, la de Frühbeck con la Orquesta Nacional y la que ahora se reseña: la Nacional está en magnífica forma, pero la London Symphony lleva décadas siendo una de las primeras del planeta. A diferencia de Frühbeck, Thomas no sigue la versión revisada, que incluye una irónica corneta en el «Vals», y sí hace la repetición –inesperada, singular– de la «Marcha al patíbulo». Soberbiamente tocada, la «Sinfonía» echó chispas en el aquelarre. MTT –sus siglas– volvió a exhibir su impresionante técnica, y la LSO –las otras siglas, las de la orquesta– revalidó su condición de formación fabulosa.
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"Voy a pedirles a los niños que no desistan de sus sueños y que lo hagan con disciplina y respeto a sus padres", anticipó Brown en una entrevista que publica hoy el diario paulista.
Agregó además que, en su probable mensaje a los niños, quisiera decir también "que el conocimiento no está en los ídolos, porque los ídolos solamente cuidan de sus carreras y de sus propios deseos".
Brown, de 49 años, compuso junto con el brasileño Sergio Mendes y la estadounidense Siedah Garrett la canción principal de la película de animación "Río", que disputará el Óscar sólo con el tema "Man or Muppet", que Bret McKenzie creó para el filme "The Muppets 2".
La Academia de Hollywood concederá los premios de la 84 edición de los Óscar el próximo 26 de febrero en una gala que se celebrará en la ciudad estadounidense de Los Ángeles.
Carlinhos Brown es uno de los principales representantes de la música negra de Brasil y recibió en 2005 un premio Goya, concedido por la Academia de Cine de España, por la canción "Zambie mameto", del documental "El milagro de Candeal", del español Fernando Trueba.
El músico brasileño coincidirá en la entrega de los Óscar con el cineasta madrileño, que ganó ese premio en 1994 por "Belle Epoque" y este año ha sido nominado en la categoría de cinta de animación, por el filme "Chico y Rita", junto con Javier Mariscal.
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Mariví Ibarrola reúne en un libro sus disparos fotográficos sobre los 80
Este volumen, publicado por Munster, recoge 89 fotografías realizadas entre 1981 y 1988, procedentes del archivo personal de Mariví Ibarrola (Nájera, La Rioja, 1956), fotoperiodista que publicó sus trabajos en la prensa especializada de la época.
"Estaba todo el santo día haciendo fotos", afirma la autora en una entrevista con Efe al recordar los disparos con los que inmortalizó a los protagonistas de unos años efervescentes.
Por las páginas de este libro desfilan artistas que conocieron la fama en aquellos días, como Antonio Vega, Radio Futura, Alaska, Loquillo, los hermanos Urquijo de Los Secretos, Gabinete Caligari, Siniestro Total, Glutamato Ye-Yé, La Frontera o Los Pistones.
"No tenía gran amistad con ellos, pero todos ellos me respetaban, y sabían que mi trabajo contribuía a que se les reconociera", explica la fotógrafa.
Cada una de las fotografías está acompañada por un texto escrito por personajes que vivieron aquellos tiempos. Músicos, escritores y periodistas como Jaime Urrutia, Josele Santiago, Germán Coppini, Cristina Lliso, Jorge García Berlanga o Patricia Godes desentrañan las historias que se ocultan detrás de las imágenes.
La portada del libro, una fotografía de Poch, el líder de Derribos Arias, en un concierto en la Escuela de Caminos, es un homenaje a uno de los personajes fundamentales de la Movida, fallecido en 1998 a los 42 años, al que Ibarrola quiere reivindicar y del que destaca su brillante surrealismo y su dadaísmo mordaz.
"Él sabía que iba a morir pronto (era portador de la enfermedad de Huntinmgton, conocida antiguamente como mal de San Vito), pero nunca hablaba de su enfermedad", recuerda la autora.
Entre sus fotografías favoritas de "Yo disparé en los 80", Mariví Ibarrola se decanta además por una que muestra a Imanol Arias e Imanol Uribe en el Festival de San Sebastián de 1984, donde ambos presentaron "La muerte de Mikel".
Junto a esta imagen aparece en el libro otra que muestra a unos jovencísimos Duncan Dhu -aún como trío- que acababan de llegar a la capital al asalto de la fama.
"Eran unos chavales de provincias y no sabíamos si iban a triunfar", dice la fotógrafa.
La instantánea de un Andy Warhol rodeado por reporteros y admiradores durante su célebre visita a Madrid de 1983 provoca una reflexión sobre el ejercicio del periodismo en nuestros días.
"Ahora esa fotografía sería impensable. Warhol estaría protegido por cuatro 'armarios' y no nos podríamos acercar a él", señala Ibarrola, quien asegura que en los años ochenta "siempre" conseguía colarse "en todos los sitios" con su cámara.
La fotógrafa logró captar además la psicología de sus personajes. Tipos de aspecto inquietante, llenos de imperdibles y pinchos, vestidos de negro, pero que como Evaristo, de La Polla Records, que aparece en el libro en una imagen de 1983, "era una barra de pan".
"Pese a su aspecto, eran buenas personas. Su imagen era una autodefensa", asegura.
Espectadores de conciertos, músicos callejeros, clientes distinguidos del Rock Ola, visitantes ilustres como la británica Siouxsie Sioux, Joe Strummer, líder de The Clash -que aparece junto a la autora del libro en la contraportada-, o los míticos The Damned forman parte también de esta crónica personal y cultural de los años ochenta.
Madrid, San Sebastián, Guernica o Vitoria son escenarios de un libro "que llora, que habla", según su autora, y que encierra en sus páginas "el ruido, las rallas y el polvo" de aquella época inquieta.
